Ecografía pélvica: la primera vez que verás a tu bebé

Además de permitir visualizar los órganos reproductivos de la mujer, la ecografía pélvica es el procedimiento requerido para confirmar el embarazo.

Aunque no es muy frecuente, por una serie de inconvenientes, como por ejemplo trastornos hormonales o algunas enfermedades, las pruebas de embarazo en orina e incluso en sangre pueden arrojan resultados erróneos e indicar embarazos inexistentes. Por eso, tras un resultado positivo en una de estas pruebas la orden del médico especialista es la realización de una ecografía pélvica, también conocida como ecografía transvaginal, con la cual se confirmará la presencia y adecuada implantación del embrión en el útero.

La ecografía pélvica es la primera de las cuatro ecografías que se recomienda realizar durante toda la etapa de gestación. Este es un procedimiento sencillo que por lo general no requiere preparación previa, ni representa ningún riesgo para la salud de la madre o el bebé y se realiza durante el primer trimestre del embarazo con el objetivo de evaluar el adecuado desarrollo del bebé a partir de la sexta semana de gestación.

Para su realización se utiliza un transductor especial, el cual es cubierto con gel ultrasónico y un preservativo antes de ser introducido por la vagina de la paciente para la visualización del útero, los ovarios, las trompas, la vejiga y el recto.

Además de confirmar el embarazo, con la ecografía pélvica también se puede determinar el tiempo de gestación, la presencia de dos o más embriones (embarazo múltiple), hematomas en el útero o embarazo ectópico o molar (aquel en donde el ovulo fecundado se encuentra ubicado fuera del útero).

Aunque en el embarazo las ecografías obstétricas a través del vientre son las más frecuentes, hay casos de riesgo, como un eventual sangrado, que presentarán la necesidad de realizar nuevamente una ecografía pélvica, con el fin de examinar la evolución del bebé, las condiciones de la placenta y estar alertas ante una amenaza de aborto espontáneo.

Incluso sin haber estado embarazadas, para un buen número de mujeres este tipo de ecografía no es extraña, pues es un método de diagnóstico que actualmente se utiliza para la detección de enfermedades ginecológicas como quistes ováricos, endometriosis y cáncer de ovario o de uterino; al punto que algunos especialistas recomiendan su realización una vez al año, como parte de los chequeos ginecológicos que por precaución debe efectuarse toda mujer en edad reproductiva.

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